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lunes, 30 de abril de 2012

VOILÁ O GALO DE PORTUGAL. KIKIRIKIIIIIIIIII

Ilustración de Fausto Isorna
El Gallo  De  Portugal 
 
Siempre le oí hablar a mi señor amo Merlín con mucho respeto de la antigua ciudad de Braga, de donde era nativo, y en ella tenía rico aposento en un palacio de la rúa que llaman dos Confidentes un gentil caballero portugués, de fina nobleza y muchos posibles, don Esmeraldino da Cámara Mello de Limia, vizconde de Ribeirinha. Fue este don Esmeraldino vizconde, por lo que de él oí contar a un su criado de librea y escopetero, elhombre más hermoso de Portugal en su tiempo, muy lucido de lunares y con una mirada tan triste en los grandes y negros ojos, que parecía, dicen, que cuando demoradamente os miraba era como si una niebla de oscuras caricias saliese, para envolveros, por entre la aleteante seda de las largas pestañas. Con sólo esta mirada despertaba grandes amores, pero todavía le ayudaba el que era pequeño y muy gracioso de maneras, convidador y en regalos de mérito la voluntad muy fácil; traía a Braga las modas de París, tanto de vestir y chalecos como de baile, tanto de peinar como de juegos, y aun ponía palabras de moda cuando de Francia venía, como sentimental, bombón, nenúfar, y "la merde latine" y "le doré auxcochons", frases estas últimas para aludir a los clérigos y al arzobispo, respectivamente, y que muy vivas se me quedaron, quizá porque me animaban a ello los revuelos liberales de aquellos días insurrectos... Pero todas las delicadezas y atractivos que envasaba aquel cuerpo fidalgo sólo le servían a don Esmeraldino para contrarrestar el sexto mandamiento, en lo que estaba siempre activo y puntual, y para no perder la cuenta de las hazañas mandó clavar en la puerta de su palacio un hierro rizado, y colgó en él una tablilla de caoba en la que iba marcando los triunfos de Venus, haciendo él mismo con una navajita la señal de un aspa. Esto gustaba a los bracarenses, que en seguida se ponían a seguirle los pasos al vizconde, a discutir acerca de quién sería la dama caída, qué regalo le puso la zancadilla o si fue amor, y todos aseguraban oír serenatas secretas, y todo Braga se llenó de falsos testimonios fácilmente levantados, de doncellas deshonradas y de maridos cornudos cabalmente asentados en ellos, tal que mejor no lo hiciera escribano de número en papel sellado. Estaba el vizconde de Ribeirinha muy feliz en su trato y boato, encumbrado por amoroso en todo Portugal, cuando vino a Braga una compañía italiana de ópera, y el mayor adorno que traía era una tal prima donna signorina Carla, rubia, desvestida y trinadora. (...)
A. Cunqueiro; Merlín y familia




A ler, chavales, que o final non volo penso contar
 Sorry, non o atopei en galego e non me atrevo a traducir a Cunqueiro.

5 comentarios:

  1. Coo Co Cocorocooo!!

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  2. Pois si, vai ser Don Esmeraldino, que saiu do conto de Cunqueiro para vir saudarnos.
    Saúde, vizconde de Ribeirinha.

    Pero disculpe se lle digo , con todos os meus respetos, que máis que galo é vostede galiña, outro cobarde máis que se oculta tras o paraugas do anonimato.

    Agora, se vostede é feliz así, que lle aproveite, señor vizconde.

    A min "me la refanfinfla".

    Ata o próximo kikirikí (que non tardará. Ademáis de cobarde é vostede moi previsible).

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  3. GRrrrrrrr Guau Guau!!

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